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  • XIMENA HIDALGO-AYALA

NATALICIO DE JUAN MONTALVO 13 DE ABRIL

Los restos de Juan Montalvo reposan en una cripta en su ciudad natal y varios monumentos en su honor se encuentran en varios países, incluyendo Francia, España, Colombia, Canadá y Chile, donde se le reconoce como paradigma de la lucha contra el despotismo, la tiranía y la corrupción.


Juan Montalvo vivió en Roma y en París (1857-1860) como parte del servicio exterior y para leer a los clásicos en sus idiomas originales, estudió latín, griego, inglés, francés e italiano.
Juan Montalvo vivió en Roma y París entre 1857y1860. Para leer a los clásicos en sus idiomas originales, estudió latín, griego, inglés, francés e italiano.

En el estudio El Pensamiento social de Juan Montalvo de Arturo Andrés Roig, editado por la Universidad Andina Simón Bolivar y la Corporación Editora Nacional, el escritor afirma: “cuestionó a fondo la dominación terrateniente, la visión hispanófila criolla y el predominio clerical, al mismo tiempo que planteó una postura de crítica social.”


Don Juan Montalvo, -como siempre exigió se lo llamara-, descendía de una familia de tejedores de paños que emigraron de España a América en la segunda mitad del siglo XVIII, durante el auge de explotación de la quina en la región andina. Su abuelo español, José S. Montalvo terminó dedicándose a los textiles en Guano y su padre, Marcos Montalvo, -quien a su vez también emigró a otra provincia andina-, continuó con el trabajo familiar de comerciar textiles. De los ocho hijos que éste procreó, el menor de todos, Juan, nacido el 13 de abril de 1832, se convertiría en el principal ideólogo del liberalismo emergente de su tiempo.


En la obra El Pensamiento vivo de Montalvo, presentado por el insigne Benjamín Carrión, éste le califica como el “Juan de la insurgencia, voz ancha del pensamiento americano, largo y persistente grito de condenación a las tiranías” y entre otras cosas a nivel literario añade: “Don Miguel de Unamuno, a quien venero como a una de las potencias espirituales mayores de los últimos siglos, amaba a don Juan Montalvo”. Considerado como el polemista más destacado de su época, Juan Montalvo es considerado uno de los mejores escritores de prosa hispanoamericana del siglo XIX.

Los escritos de Montalvo expresan su preocupación por temas de identidad y clase social. Ejerció un periodismo combativo, fundó y participó en varias revistas literarias y políticas, entre ellas: La Razón (1848); El Veterano (1849); La Moral evangélica (1854); El Espectador (1855); El Cosmopolita (1865); El Regenerador (1872). Sus obras fueron armas de lucha a través de las cuales ejerció y promovió un activo y feroz debate sobre la realidad política, que le valió ser considerado como “ideólogo de la oposición” por los regímenes represivos, a los cuales criticó por sus acciones corruptas e intenciones de perpetuarse en el poder. Fue ferviente defensor de la democracia.


ENEMIGOS DE LA MISMA ALTURA

Tildado de polemista terrible, es figura deslumbrante de las letras latinoamericanas del siglo XIX y a través de sus escritos, llenos de palabras consideradas “flechas envenenadas” fue adversario implacable de caudillos a los que castigó en sus escritos mediante un derroche de insultos inteligentes con estilo mordaz, sugerente, incitador, erudito, que demostraba que para comprenderle, su adversario debía estar a su altura intelectual.


Montalvo inauguró un estilo que tuvo muchos seguidores y estudiosos le consideran precursor del Modernismo en la literatura hispanoamericana. A nivel literario es el máximo exponente del espíritu romántico liberal de su patria natal y a decir de Carrión “..se vierte al criollo vivir hispanoamericano, en un idioma tan castizo, tan rico de sonoridad de expresión que, sin temor a irreverencias, acaso no tiene otro antecedente directo que el mismo esclarecedor supremo del idioma: Cervantes.”


MI PLUMA LO MATÓ

En enero de 1866, publicó el primer número de El Cosmopolita, una serie de panfletos en contra de un ex mandatario al que llamó “Gran tirano”. En octubre de 1868 se casó con la ecuatoriana María Guzmán y tuvo dos hijos, su vida matrimonial estuvo marcada por el exilio. Cuando el “Gran tirano” retornó al poder en 1869 Montalvo fue exiliado a Colombia (1870), desde donde escribió La Dictadura Perpetua pidiendo la destitución del Gran Tirano, quien posteriormente fue asesinado por un ex mercenario colombiano respaldado por un grupo de jóvenes liberales el 6 de agosto de 1875, en las gradas del palacio presidencial. Al enterarse de la muerte Montalvo exclamó: "¡Mi pluma lo mató!"


En mayo de 1876 comenzó a publicar El Regenerador, una serie de panfletos atacando al gobierno del nuevo presidente reemplazante, de lo cual terminó exiliado en Panamá durante cuatro meses. Cuando ese gobierno cayó, un nuevo tirano tomó el poder y se colocó en la mira del implacable Montalvo quien le apodó “El mudo”, que fue cabeza de una administración famosa por el robo y el despilfarro. Por los ataques literarios al “mudo”, Montalvo debió regresar al exilio a Colombia y Francia, donde escribió “Las Catilinarias” (1880), una de sus obras más polémicas, que le dio fama en círculos intelectuales de Latinoamérica, Estados Unidos y Europa.


En 1881 Montalvo retornó a París, desde donde visitó España (1883) donde era conocido y tenía amistad con notables figuras de la cultura y la política como Emilia Pardo Bazán y Emilio Castelar. Durante su residencia en la capital francesa Montalvo produjo Los 7 Tratados (1883) y Los Capítulos que se le olvidaron a Cervantes, consideradas sus mejores obras. En 1882 conoció en Europa a Augustine Contoux con quien tuvo un hijo.


El 17 de enero de 1889, poco antes de cumplir los 56 años, Juan Montalvo falleció en No 26 de la calle Cardinet en Paris, donde se colocó una placa recordatoria en 1926. Posteriormente sus cuerpo embalsamado retornó a su patria natal, Ecuador, donde se le construyó un mausoleo en



En 1920 por decreto presidencial y en honor a Juan Montalvo, se estableció la fecha de su nacimiento, el 13 de abril, como el Día del Maestro Ecuatoriano, día en que también nacieron sus ilustres compatriotas María Gamarra de Hidalgo (1846), el académico y periodista quiteño Quintiliano Sánchez (1848) y el jurisconsulto guayaquileño Carlos Carbo Viteri (1865).


“Don Juan Montalvo, por temperamento, por altura mental, por insobornable honestidad de espíritu, es el paradigma, la expresión de un estado de conciencia, no sólo ecuatoriano, sino americano.”

                                                                             Benjamín Carrión / Premio Benito Juárez 1968


ESCRITOS Y ENSAYOS DE MONTALVO

Los nueve números de El Cosmopolita (1866-1869)

El antropófago (1872)

Judas (1872)

La dictadura perpetua (1874)

El Regenerador (1876-1878)

Las Catilinarias (1881- 1882) considerado un ataque demoledor y despiadado contra el tirano Ignacio de Veintemilla

Los Siete Tratados (1882) considerada su obra maestra,

La mercurial eclesiástica

El Espectador

Los Capítulos que se le olvidaron a Cervantes (1868)

Libro de las pasiones (publicado en 1935) contiene los dramas: La Leprosa, Jara, Granja, El Descomulgado y El Dictador

Geometría Moral (publicada en 1902)


Entre las obras consultadas para esta nota: Pensamiento vivo de Montalvo, presentado por Benjamín Carrión; La Literatura Ecuatoriana en el siglo XIX de Ernesto Álban Gómez, Tomo VIII de la Nueva Historia del Ecuador; El pensamiento social de Juan Montalvo, ideología romántica, de Andrés A. Roig. Estudios sobre Montalvo incluyen autores como Oscar Efrén Reyes, Roberto Agramonte, Plutarco Naranjo, Juan Sacoto Salamea, Alfredo Albuja Galindo, Alfredo Pareja Diezcanseco, entre otros.

Himno al Maestro Ecuatoriano, letra del intelectual guayaquileño Pablo Hanníbal Vela y música del compositor quiteño Enrique Espín Yépez.

Esta nota la dedico a mi primer maestro, mi padre Lic. Arturo Hidalgo, profesor de las juventudes populares de mi patria natal y a todos mis maestros, -siempre presentes-, en humilde agradecimiento por el privilegio de haberles conocido y en perenne admiración a su ejemplo de rigurosa formación académica, integridad, honestidad, ética, honorabilidad y pasión por el ejercicio permanente del conocimiento, así como su generosa vocación de compartirlo.


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