VICTOR LOJA, BUILDING A DYNASTY OF FLAVORS IN NEW YORK
- XIMENA HIDALGO-AYALA

- hace 4 días
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Actualizado: hace 13 horas
With pride and gratitude, Ecuadorian‑American entrepreneur Víctor Loja presents the traditional Bandera Ecuatoriana, an emblematic dish served in his four restaurants in New York, celebrating the diversity of cuisine from the Andean‑American nation. He pairs it with a pineapple margarita, made with the exotic fruit native to Ecuador’s coastal region, where his journey as an entrepreneur first began.


By Ximena Hidalgo Ayala
Historian, founder and executive director of the Galo Plaza International Committee, and of its exclusive network of entrepreneurs and professionals, XHA Club, dedicated to promoting integration through history, education, and culture.

From Zhidmad to the world: a young man who carried a country in his hands
Victor Loja’s story begins in the highlands of Zhidmad - Gualaceo, Azuay province, where at just fifteen he left home with nothing but determination, and a belief that he could build his own future.
In his first years of independence he worked wherever opportunity appeared: first on a banana‑transport company, maintaining irrigation pumps and keeping the machinery running. Later, he worked with Esteban Quirola, as a security guard, always saving, always planning, saving every dollar he could. Even then, he carried with him the flavors of his childhood and the pride of a culture that expresses love through food.
By his early twenties, Victor had already bought his own small farm in Nueva Unión, on the road to Naranjal town, in the coastal province of El Oro. He even purchased a Toyota 2200 pickup — a decision he laughs about today because the truck looked perfect on the outside but constantly broke down. Eventually, he sold it, mortgaged his farm, and used every cent to pursue the dream that had been growing inside him for years: emigrating to the United States.

De Zhidmad para el mundo: un joven llevando a su país entre las manos
La historia de Víctor Loja comienza en la parroquia Zhidmad del cantón Gualaceo, en la provincia andina de Azuay, donde, con apenas quince años, dejó su hogar armado solo de determinación y de la convicción de que podía forjar su propio destino.
En sus primeros años de independencia trabajó donde surgía una oportunidad: primero en una empresa de transporte bananero, encargado de mantener en funcionamiento las bombas de riego y la maquinaria. Más tarde, trabajó con Esteban Quirola como guardia de seguridad, siempre ahorrando, siempre planificando, guardando cada dólar posible. Incluso entonces llevaba consigo los sabores de su infancia y el orgullo de una cultura que expresa el afecto a través de la comida.
Ya en sus veinte años de edad, Víctor había comprado una pequeña finca en Nueva Unión, en la vía a Naranjal, en la provincia costera de El Oro. Incluso adquirió una camioneta Toyota 2200, -una decisión que hoy recuerda con humor-, porque aunque "el vehículo lucía impecable por fuera, vivía descomponiéndose." Finalmente la vendió, hipotecó su finca y reunió hasta el último centavo para perseguir el sueño que llevaba años creciendo dentro de él: emigrar a los Estados Unidos.

A Dangerous Arrival and a Year of Recovery
When Victor finally emigrated to New York, the dream nearly ended before it began. He arrived in the United States in 2001, though he doesn’t remember the exact day — because he suffered a serious accident while crossing the border that left him unable to work for a full year. But this is where the story turns: his cousin took him in, cared for him, and helped him recover in Peekskill. Victor often says that year taught him two things — gratitude and unyielding resilience.
The mother of his children also emigrated to the United States to support him during that difficult transition. When he finally recovered, a friend told him about a job opportunity in Manhattan. Victor didn’t hesitate; he took the leap and headed to New York City, convinced that he would find new opportunities there. And he did!”
Una llegada peligrosa y un año de recuperación
Cuando Víctor finalmente emigró a Nueva York, el sueño casi terminó antes de comenzar. Llegó a Estados Unidos en 2001, no recuerda el día exacto porque sufrió un accidente grave al cruzar la frontera, que lo dejó sin poder trabajar durante un año entero. Pero aquí es donde la historia da un giro: su primo lo recibió, lo cuidó y lo ayudó a recuperarse en Peekskill. Víctor suele decir que ese año le enseñó dos cosas: gratitud y una resiliencia inquebrantable.
La madre de sus hijos también emigró a Estados Unidos para apoyarlo durante esa difícil transición. Cuando finalmente se recuperó, un amigo le contó de una oportunidad laboral en Manhattan. Víctor no dudó, dio el salto y se dirigió a la ciudad de Nueva York, convencido que que ahí encontraría nuevas oportunidades. ¡Y lo hizo!
Learning the Craft in New York’s Kitchens
Victor’s first job was in a Thai restaurant in Manhattan, working in two locations of the same restaurant group — one near Union Square and another on 2nd Avenue and 74th Street, where during six years, he washed dishes, worked as a prep cook and made deliveries. He also worked in Brooklyn at Sea, a massive restaurant with a staff of seventy, where he eventually became a chef.
These years taught him speed, discipline, and the rhythm of a professional kitchen. He learned how to run a line, how to manage chaos, how to keep a place spotless. But most importantly, they also awakened something deeper: the desire to build something of his own.
Aprendiendo el oficio en las cocinas de Nueva York
Cuando Víctor consiguió su primer trabajo en un restaurante tailandés de Manhattan, trabajó en dos locales de la misma empresa: uno cerca de Union Square y otro en la Segunda Ave. con la calle 74. Ahí pasaron seis años entre lavar platos, trabajar como ayudante de cocina y hacer entregas de comida a domicilio. También trabajó en Sea, un enorme restaurante en Brooklyn con setenta empleados, donde finalmente llegó a convertirse en chef.
Aquellos años le enseñaron velocidad, disciplina y el ritmo implacable de una cocina profesional. Aprendió a manejar una línea, a organizar el caos y a mantener todo impecable. Pero, sobre todo, despertó algo más profundo: el deseo de construir algo propio.

The opportunity that changed everything
In 2007, Victor heard that a branch of a well-known Hornado Ecuatoriano restaurant closed its Astoria location and was for sale. He didn’t hesitate. His entrepreneurial spirit — the same one that pushed him to leave home at fifteen — took over. Victor saw what others missed: a chance. A door. A beginning and opportunity to make his dream come true.
On June 14, 2007, he opened his first restaurant on 34th Avenue and 41st Street in Astoria, Queens. He took over the space, kept the traditional dishes, but added something new — a fresh image, a personal touch, and a signature creation that would become a neighborhood favorite.
41-20 34th Ave, Astoria, NY 11101
La oportunidad que lo cambió todo
En 2007, Víctor escuchó que una sucursal de un conocido restaurante (Hornado Ecuatoriano) había cerrado su local en Astoria y estaba en venta. No lo dudó. Su espíritu emprendedor, -el mismo que lo impulsó a dejar su hogar a los quince años-, tomó el control. Víctor vio lo que otros pasaron por alto: una oportunidad, una puerta abierta, el comienzo de algo propio.
El 14 de junio de 2007 abrió su primer restaurante en la 34 Avenida con la calle 41, en Astoria, condado de Queens. Tomó el espacio, mantuvo los platos tradicionales, pero añadió algo nuevo: una imagen fresca, un toque personal y una creación distintiva, que pronto se convertiría en la favorita del hermoso vecindario.
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Reinventing Himself And Ecuadorian Cuisine
At first, he kept the same menu the previous owners had left behind. But sales were painfully low, so Victor did what only true entrepreneurs do: he studied, calculated, and reinvented. He counted every shrimp in a box, analyzed the cost of every cut of meat, and restructured the entire operation. Within three months, the business was rising.
Victor didn’t yet know how to cook Ecuadorian food but in the kitchen, he had the support of an experienced female cook who became essential to his early success — today she owns her own restaurant. Victor speaks of her with deep gratitude.
For five years, he worked without a single day off — opening at 7 AM and closing at midnight. After going home, he would sit down to watch YouTube videos on how to prepare Ecuadorian dishes from every region. That’s how he developed his own sofrito — a unique seasoning blend that became the foundation of all his restaurants. “It’s in every location,” he says proudly. “All unified.”
Victor has never received a B or C health grade from the New York City Health Department. Not once. Inspectors often asked him if he knew they were coming because they couldn’t find a single violation. He and his staff always worked with gloves, a cap, and strict hygiene — a discipline he learned in his early years in Manhattan kitchens.
Reinventarse y reinventar una empresa de cocina ecuatoriana
Al principio, mantuvo el mismo menú que habían dejado los dueños anteriores. Pero las ventas eran dolorosamente bajas, así que Víctor hizo lo que solo los verdaderos emprendedores saben hacer: estudió, calculó y se reinventó. Contó cada camarón en una caja, analizó el costo de cada corte de carne y reestructuró toda la operación. En tres meses, el negocio ya estaba despegando.

Víctor aún no sabía preparar comida ecuatoriana, pero en la cocina contó con el apoyo de una cocinera experimentada que se volvió esencial para su éxito inicial, actualmente ella tiene su propio restaurante y Víctor habla de ella con profunda gratitud.
Durante cinco años trabajó sin un solo día de descanso, abría a las 7 de la mañana y cerraba a medianoche. Al llegar a casa, se sentaba a ver en YouTube la preparación de platos ecuatorianos de todas las regiones. Así fue como desarrolló su propio sofrito, una combinación de condimentos única, que se convirtió en la base de sazón en todos sus restaurantes. “Está en cada local”, dice con orgullo. “Todos mis restaurantes están unificados.”
Los restaurantes de Víctor Loja nunca han recibido una calificación sanitaria B o C del Departamento de Salud de la Ciudad de Nueva York ni una sola vez. Los inspectores a menudo le preguntaban si sabía que iban a llegar, porque no podían encontrar ni una sola infracción. Siempre trabajó con guantes, gorra y una higiene estricta, una disciplina que aprendió en sus primeros años en las cocinas de Manhattan.
The Birth of BANDEJA ECUATORIANA

When Victor opened his first restaurant, Queens already knew the Colombian cuisine and its emblematic Bandeja Paisa, so Victor created an Ecuadorian counterpart: the BANDEJA ECUATORIANA. He kept the shared elements — rice, beans, chicharrón (crispy fried pork belly with skin), avocado, fried egg, sweet plantain — but replaced the Colombian arepa with a deeply Ecuadorian symbol: TORTILLA DE PAPA.
It wasn’t just a dish. It was a statement. A plate that said: This is who we are and it became a hit. BANDEJA ECUATORIANA became his breakthrough. “This was the plate that gave me popularity,” Victor says.
El nacimiento de la Bandeja Ecuatoriana
Cuando Víctor abrió su primer restaurante, Queens ya conocía la cocina colombiana y su emblemática Bandeja Paisa, así que Víctor creó su contraparte ecuatoriana: la BANDEJA ECUATORIANA. Mantuvo los elementos compartidos — arroz, frijoles, chicharrón, aguacate, huevo frito, maduro — pero reemplazó la arepa colombiana con un símbolo profundamente ecuatoriano: la TORTILLA DE PAPA.
No era solo un plato. Era una declaración. Un plato que decía: Así somos nosotros. Y se convirtió en un éxito. La BANDEJA ECUATORIANA fue su gran salto. “Este fue el plato que me dio popularidad”, dice Víctor.
Expansion: The Second Restaurant
As business grew, in 2013 Victor opened his second restaurant on 36th Avenue in Astoria, just a few blocks away from his first location. But in 2014, he faced the most difficult moment of his life. He was diagnosed with diabetes and stepped back from the business. Without his leadership, both restaurants declined. He fell behind on six months of rent. He owed his workers nine weeks of pay. His debt reached $96,000.
The financial crisis hit. High rents. Bills rose but Victor didn’t close, he wasn’t alone, friends stepped in with loans — not because they expected profit, but because they believed in him. He survived. And then he expanded again.
When he returned to the kitchen and took control again, sales skyrocketed. What had been $800 days in both restaurants became $2,800 on Fridays, $4,200 on Saturdays and $6,000 on Sundays. He paid off every debt.
34-06 36th Ave, Long Island City, NY 11106

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Expansión: el segundo restaurante
A medida que el negocio crecía, en 2013 Víctor abrió su segundo restaurante en la Avenida 36 en Astoria, a solo unas cuadras de su primer local. Pero en 2014 enfrentó el momento más difícil de su vida. Le diagnosticaron diabetes y tuvo que alejarse del negocio. Sin su liderazgo, ambos restaurantes decayeron. Se atrasó seis meses en el pago de la renta. Debía a sus trabajadores nueve semanas de salario. Su deuda llegó a $96.000 dólares.
La crisis financiera lo golpeó. Rentas altas. Las facturas subían, pero Víctor no cerró; no estaba solo. Sus amigos le asistieron con préstamos, no porque esperaran ganancias, sino porque creían en él. Sobrevivió. Y luego volvió a expandirse.
Cuando regresó a la cocina y retomó el control, las ventas se dispararon. Lo que había sido la venta total de $800 en los dos restaurantes, se convirtió en $2.800 los viernes, $4.200 los sábados y $6.000 los domingos. Victor Loja pagó todas sus deudas.


A Third Restaurant on Roosevelt Avenue
In 2024, Victor opened a third location on Roosevelt Avenue and 102nd Street: Dinastía Ecuadorian Food — a name that reflects exactly what he has built. It rises in the heart of the Ecuadorian community, a vibrant neighborhood where the flavors of the homeland meet kind, hardworking people who recognize them as their own. A space that preserves the same visual and culinary identity as its other locations, proudly extending the tradition of authentic Ecuadorian cuisine in the place where its people’s heartbeat is strongest.

Un tercer restaurante en la avenida Roosevelt
En 2024, Víctor abrió un tercer local en Roosevelt Avenue y la Calle 102: DINASTÍA ECUADORIAN FOOD, un nombre que refleja exactamente lo que ha construido. Se alza en el corazón de la comunidad ecuatoriana, un vecindario vibrante donde los sabores de la patria encuentran gente amable y trabajadora que los reconoce como propios. Un espacio que mantiene la misma identidad visual y culinaria de sus otros locales, extendiendo con orgullo la tradición de la auténtica cocina ecuatoriana en el lugar donde más late su gente.
102-02 Roosevelt Ave, Corona, NY 11368
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Conquering Williamsburg
His most recent opening was at 394 in Williamsburg, Brooklyn, in one of the neighborhood’s most active areas, which is his newest restaurant, bringing Ecuadorian flavors to a new audience.
Each restaurant carries the same identity: traditional Ecuadorian flavors, spotless cleanliness, and Victor’s signature seasoning. His restaurants attract people from everywhere — Americans, Asians, Europeans. On many occasions, only two or three Ecuadorians come in on Sundays, while the rest of the dining room fills with customers from all over the world. “Everyone loves my food,” he says proudly. "They order shrimp dishes, they order the BANDERA ECUATORIANA, and all those flavors that remind me of — and transport me back to — my homeland."
394 Bedford Ave, Brooklyn, NY 11249

Conquistando Williamsburg
Su apertura más reciente fue en el 394 de Williamsburg, Brooklyn, en una de las zonas más activas del vecindario. Es su restaurante más nuevo, Victor presenta los sabores ecuatorianos a un público diferente.

Cada restaurante mantiene la misma identidad: sabores tradicionales ecuatorianos, una limpieza impecable y el sazón característico de Víctor. Sus atraen a personas de todas partes: estadounidenses, asiáticos, europeos. En muchas ocasiones, los domingos solo entran dos o tres ecuatorianos, mientras que el resto del comedor se llena de clientes de todo el mundo. “A todos les encanta mi comida”, dice con orgullo. "Piden platos con camarón, piden BANDERA ECUATORIANA y todos esos sabores que me recuerdan y transportan a mi tierra natal."


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A Dynasty Built on Heart, Discipline and Tradition
At his first restaurant for the first five years, Victor cooked from 7 AM until midnight. Now, he leads a team — but the spirit is the same. Today, Victor’s restaurants represent the journey of an Ecuadorian immigrant who refused to give up. An Ecuadorian who left home at fifteen. An Ecuadorian who survived an accident, illness, debt, and exhaustion, but over all, an Ecuadorian who built a culinary empire with his own hands, his own seasoning, and his own memories.
Victor’s restaurants have earned a reputation built on three inseparable pillars: an almost obsessive commitment to impeccable cleanliness, reflected in the A ratings he receives so consistently that inspectors often tease him—“Are you sure you didn’t know we were coming?”—because they never find a single flaw; a devotion to home‑style cooking, where natural ingredients, traditional seasoning, and the comforting flavors of his childhood define every plate; and a remarkable consistency across all locations, each one carrying the same warmth, the same pride, and the same unmistakable Ecuadorian identity that Victor has woven into his culinary legacy.
Una Dinastía Construida con Corazón, Disciplina y Tradición
En su primer restaurante, durante los primeros cinco años, Víctor cocinó desde las 7 de la mañana hasta la medianoche. Hoy lidera un equipo, pero el espíritu sigue siendo el mismo. Los restaurantes de Víctor representan el recorrido de un inmigrante ecuatoriano que se negó a rendirse. Un ecuatoriano que dejó su hogar a los quince años. Un ecuatoriano que sobrevivió a un accidente, a una enfermedad, a deudas y al agotamiento, pero por encima de todo, un ecuatoriano que construyó un imperio culinario con sus propias manos, su propio sazón y sus propios recuerdos.
Los restaurantes de Víctor han ganado una reputación basada en tres pilares inseparables: un compromiso casi obsesivo con la limpieza impecable, reflejada en las calificaciones A que recibe tan consistentemente que los inspectores suelen bromear —“¿Seguro que no sabías que veníamos?”— porque nunca encuentran una sola falla; una devoción por la cocina casera, donde los ingredientes naturales, la sazón tradicional y los sabores reconfortantes de su infancia definen cada plato; y una notable consistencia en todos sus locales, cada uno con la misma calidez, el mismo orgullo y la misma e inconfundible identidad ecuatoriana que Víctor ha tejido en su legado culinario.
The Signature Dish: BANDERA ECUATORIANA
Across all his four restaurants, one dish stands above the rest: BANDERA ECUATORIANA (Ecuadorian Flag), that stands not only as national symbol of his native country but as the symbol of everything he has created — a plate that unites Ecuador’s most iconic flavors and natural regions: Ceviche de Camarón (Ecuadorian Shrimp cocktail); Hornado (Ecuadorian‑style roast pork, marinated and roasted in a wood or charcoal oven until the meat is tender and the skin is crispy); Mote (Boiled hominy corn); Tortilla de papa (Potato patty) and Seco de chivo (Ecuadorian signature Lamb stew).
BANDERA ECUATORIANA it’s not just a meal. It’s a flag, a symbol. A plate that tells Victor's story. A reminder of where he came from, and what he built.

El plato emblema: BANDERA ECUATORIANA
En sus cuatro restaurantes, hay un plato que destaca por encima de todos: la BANDERA ECUATORIANA, que no hace referencia al símbolo nacional de su país natal, sino también simboliza todo lo que ha construido: un plato que une los sabores y regiones naturales más icónicos del Ecuador. Incluye Ceviche de Camarón; Hornado (cerdo asado al estilo ecuatoriano, marinado y cocinado en horno de leña o carbón hasta que la carne queda tierna y la piel crujiente); Mote (maíz hervido); Tortilla de papa y Seco de chivo (el tradicional estofado ecuatoriano de cordero).
La BANDERA ECUATORIANA no es solo una comida. Es una bandera, un símbolo. Un plato que cuenta la historia de Víctor. Un recordatorio de dónde vino y de lo que ha construido.






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