LA COMADRE GABRIELA
- XIMENA HIDALGO-AYALA
- hace 2 días
- 13 Min. de lectura
Gabriela Mistral ejemplifica cómo el talento puede proyectarse en la historia cuando se encuentra con otros talentos capaces de reconocerlo, sin envidia ni mezquindad. Intelectuales ecuatorianos como Benjamín Carrión, tuvieron una visión amplia, generosa y universal, que supo valorarla antes de que el Nobel la legitimara. La grandeza también consiste en comprender que los aportes individuales engrandecen a toda una cultura.

Por Ximena Hidalgo Ayala
Historiadora, fundadora y directora ejecutiva del Comité Internacional Galo Plaza y de su exclusivo network de empresarios y profesionales XHA Club, dedicado a promover la integración a través de historia, educación y cultura.
Recordamos la especial relación entre dos de las más destacadas figuras culturales de América Latina, la poeta chilena Gabriela Mistral y el intelectual ecuatoriano Benjamín Carrión.
En abril del 2012, publiqué dos largas notas en homenaje a Gabriela Mistral en el periódico Impacto Latino de Nueva York, que sirvieron de inspiración para trabajos posteriores de varios autores, tanto en la ciudad natal de Galo Plaza como en Ecuador. A través de esa publicación y de la recordación anual del natalicio de Mistral, fui descubriendo los vínculos de la poeta chilena con varias personalidades latinoamericanas, entre ellas la estrecha amistad con el intelectual lojano Benjamín Carrión, con la líder cultural argentina Silvina Ocampo y su estrecha amistad con la escritora guayaquileña Adelaida Velasco Galdós.

A través de la poeta chilena, sus escritos y archivo personal, se puede descubrir una red de relaciones con la intelectualidad latinoamericana de la época, incluyendo a Benjamín Carrión, el destacado escritor, diplomático y promotor cultural ecuatoriano, considerado uno de los grandes intelectuales latinoamericanos del siglo XX.
Una de las relaciones directas más notables de Gabriela Mistral, fue con su compadre Benjamín Carrión, quien demás de abogado, escritor, novelista, poeta, ensayista, biógrafo, crítico literario, legislador, diplomático y educador, fue un feroz promotor cultural, convencido que la mayor riqueza de América Latina es su cultura.


Benjamín Carrión conoció a Gabriela Mistral en Francia, en los años veinte, cuando el ejercía funciones diplomáticas y después pasa a ser diplomático en México (1927-1934). Durante ese tiempo Mistral escribe el prólogo del primer libro de Carrión Los creadores de la Nueva América: José Vasconcelos, Manuel Ugarte, F. García Calderón, Alcides Arguedas, publicado en 1928. Con el tiempo esa amistad se fortaleció y Gabriela Mistral fue madrina de la hija de Benjamín Carrión, Pepé Carrión, madre del periodista y analista político ecuatoriano Martín Pallares.
Posteriormente Carrión la incluye en su obra Cartas al Ecuador (1937), en la cual ella ocupa un lugar estratégico, ya que Carrión la presenta como una de las grandes conciencias culturales de América Latina y la integra en su proyecto humanista para el continente. La reconoce como intelectual mayor, no solo como poetisa y la legitima, ocho años antes de que gane el Nobel.
GABRIELA MISTRAL EN NUEVA YORK

Lucila Godoy, quien escribió sus primeros versos a los trece años y los publicó en periódicos locales con diferentes seudónimos, en 1913 adoptó el seudónimo Gabriela Mistral, con el cual le conocería el mundo y con el cual ganó las competencias patrocinada por el presidente chileno Ramón Barros Luco (1910-1915) con una composición titulada Sonetos de la muerte, obteniendo medalla de oro y una corona de laurel, sin imaginar que esos versos iban a escucharse más tarde en Nueva York. Cabe mencionarse que en Nueva York viven descendientes de Barros Luco e incluso, que hubo un pequeña cafetería chilena con su nombre en el East Side de Manhattan.

En 1921, Federico de Onís, -catedrático español que desde 1916 hasta su jubilación fue profesor de Literatura en la Universidad de Columbia-, contribuyó decisivamente a la difusión del hispanismo en la ciudad de Nueva York, donde se instauró como un influyente redactor de crítica literaria para varios medios, entre ellos The New York Times.
Federico de Onís eligió la obra poética de Gabriela Mistral como tema de una conferencia en el Instituto de las Españas, -fundado en 1920 como parte de Columbia-, del cual fue director y cuyo edificio se encuentra cerca de la universidad, entre Broadway con Riverside. Terminó sus días en Puerto Rico, en donde desplegó una importante actividad cultural y educativa y es recordado con gran cariño y admiración.
La belleza literaria de los poemas de Mistral impresionaron a los académicos estadounidenses, que decidieron compilar su obra poética y publicarla en un libro. Es así como sus versos Sonetos de la muerte, que le dieron su primer triunfo en Chile en los Juegos Florales (1914), fueron los primeros en incluirse en su primer libro, publicado en Nueva York en 1922, titulado Desolación.

TRAYECTORIA INTERNACIONAL
Siendo Nueva York una tribuna internacional, la repercusión de la publicación de su obra poética fue significativa, esto unido a su trayectoria docente,- que inició tempranamente a los quince años y que durante dieciocho años le llevó a recorrer su patria natal-, fueron decisivos en la invitación que recibiera del entonces ministro de educación de México, José Vasconcelos, para que colabore en el gran proyecto de la Reforma Educativa mexicana.

En 1922 Gabriela Mistral llegó a México acompañada de la pintora chilena Laura Rodig como secretaria. Durante sus dos años de permanencia, publicó sus Lecturas para Mujeres y entabló amistad con intelectuales notables; le dedicaron un imponente monumento en una escuela que lleva su nombre y en su despedida, - realizada frente al Castillo de Chapultepec-, recibió el homenaje de miles de escolares. Mistral guardó especial cariño y admiración a México, a donde volvió posteriormente como cónsul de Veracruz, ciudad en donde se compraría una propiedad con el dinero recibido del Premio Nobel.

NUEVA YORK Y LATINOAMÉRICA
En 1931 Gabriela Mistral llegó por primera vez a Nueva York, invitada por la Universidad de Columbia, para dictar unas clases de Literatura e Historia Latinoamericana en el Barnard College del Upper West Side en Manhattan, donde le conoció la escritora ecuatoriana Adelaida Velazco. Ese centro de educación superior en artes liberales, dirigido a la educación de mujeres, fue el primer colegio establecido en Nueva York (1889) y uno de los pocos del mundo, donde las mujeres podían recibir la misma educación que los hombres.
Desde entonces Mistral se dedicó a viajar y visitó Centroamérica y en el Caribe, en compañía de la pedagoga puertorriqueña Consuelo Savela visitó la isla y dictó una cátedra de Literatura hispanoamericana en la Universidad de Puerto Rico donde por resolución de la Cámara de Representantes, en abril de 1933 le declararon Hija Adoptiva de Puerto Rico.
Gabriela también dictó conferencias en La Habana, Panamá y fue cónsul general de Chile en Guatemala. Durante veinte años, Gabriela Mistral fue la única “cónsul vitalicia” de su país, nombrada por una ley especial promulgada por el Congreso chileno. En 1928 Gabriela Mistral representó a Chile y Ecuador en el Congreso de la Federación Internacional Universitaria de Madrid y cuando en julio de 1938 llegó a Guayaquil, era ya una figura conocida.
ADELAIDA VELAZCO GALDÓS

Ecuador le profesó gran admiración a Gabriela Mistral y esta se tradujo en la iniciativa de proponerla para recibir el Nobel de Literatura, galardón por el cual es conocida a nivel mundial. Este fue la iniciativa de la escritora ecuatoriana Adelaida Velazco Galdós (1894-1967) pionera y principal promotora de la postulación de Gabriela Mistral al Nobel.
Adela, -como le llamaba Gabriela Mistral-, fue reconocida por sus textos enfocados al feminismo católico. Su padre, -oriundo de Ambato-, era propietario de la hacienda San Lorenzo, frente a la isla Puná en la provincia del Guayas. Adelaida Velazco publicaba sus artículos en varios medios, incluyendo los periódicos El Grito del Pueblo y El Guante y las revistas El Hogar Cristiano, Flora de Quito y Novedades, entre otros medios.
Adelaida fue co-fundadora de la Legión Femenina de Educación Popular (1932) y en 1936 representó a Ecuador en la Comisión Interamericana de la “Liga Internacional de la mujer por la paz y la libertad” con sede en la capital de Estados Unidos.

GABRIELA MISTRAL EN ECUADOR
Adelaida Velazco invitó a Gabriela Mistral a Ecuador en 1938 y le organizó una nutrida agenda de actividades, incluyendo que se le presentara una serie de reconocimientos de diferentes entidades gubernamentales, educativas y sociales, así como la visita a los principales medios de comunicación del puerto principal.




En Guayaquil Mistral visitó la Escuela 18 de Septiembre, donde se inauguró una biblioteca con su nombre; se reunió con organizaciones que le entregaron varios reconocimientos, entre ellos de la Presidencia de la República, de la Sociedad Bolivariana, del Colegio Nacional Vicente Rocafuerte, del Círculo de Periodistas del Guayas.
Gabriela Mistral también viajó en el famoso tren transandino desde Guayaquil hacia Huigra y ahí escribió un poema dedicado al pueblo ecuatoriano.


LA NOMINACIÓN AL NOBEL
En Nueva York Adelaida Velazco se dedicó a promover la candidatura de Gabriela Mistral para el Nobel, entre otras cosas publicando extensos artículos en los medios en los que escribía.

En sus escritos la propia Gabriela Mistral escribe: “Voy a contar cómo surgió mi candidatura para el Premio Nobel. La idea nació de una amiga mía, Adela Velazco, de Guayaquil, quien escribió al extinto presidente de Chile, señor Aguirre Cerda, - que fue compañero mío-, y sin consultarme presento mi candidatura”.
El 31 de marzo de 1960 Adelaida Velazco recibió la medalla Bernardo O’Higgins de Primera Clase, por su trabajo para que Gabriela Mistral obtuviera el Nobel de Literatura.


Ecuador, como Nueva York y varias naciones latinoamericanas, son parte de la historia de Gabriela Mistral. Por esas coincidencias del destino, no solo el movimiento de su postulación para recibir el Nobel nació de una ecuatoriana en Nueva York, curiosamente fue en un vapor llamado Ecuador, que Gabriela Mistral partió el 18 de noviembre de 1945 desde Brasil, donde radicaba en misión diplomática, hacia Suecia, donde un 8 de diciembre, -día de la Inmaculada Concepción de María,- arribó al puerto de Gotemburgo, desde donde se trasladó en tren a Estocolmo, para recibir el más prestigioso galardón de las letras a nivel mundial de manos del rey Gustavo V.

Tampoco es coincidencia que desde que inició su inclusión en la lista de nominados al Nobel en 1940 gracias a Adelaida Velazco, quien la propuso en cuatro ocasiones fuera Hjalmar Hammarskjold, padre de Dag Hammarskjold, uno de los mejores amigos de Galo Plaza, quien en ese época era Embajador de Ecuador en Washington DC.
Entre 1946 a 1948 Gabriela Mistral vivió en Santa Bárbara, California. Luego, por invitación del presidente Miguel Alemán de México, -buen amigo de Galo Plaza-, se trasladó a ese país durante dos años.
Los vínculos de Gabriela Mistral con Ecuador fueron estrechos y no se limitaron a su visita. Hasta sus últimos días la poeta mantuvo estrecha amistad no solo con Adelaida Velazco, quien se llevaba bien con la hermana de Mistral, incluso con su hijo Carlos, Gabriela Mistral le llamaba "mi Yin Yin guayaquileño", haciendo alusión al nombre con el que cariñosamente llamaba a su propio sobrino, quien se quitó la vida, poco antes de que la escritora recibiera el Nobel.

Gabriela Mistral se mantuvo muy activa viajando y trabajando en diferentes proyectos, pero en medio de su agitada vida intelectual, mantuvo estrecho contacto con una variedad increíble de ecuatorianos, desde presidentes como Carlos Arroyo del Río, Velasco Ibarra, figuras notables de la época como Abel Romeo Castillo, Gonzalo Zaldumbide, hasta maestros y estudiantes de diferentes provincias de Ecuador.
Gabriela Mistral ayudó en la crisis de los inmigrantes ecuatorianos en Alemania después de la II Guerra Mundial y también apoyó a las víctimas del terrible terremoto de Ambato en 1949.
Desde 1953 Gabriela Mistral se radicó en Roslyn Harbor, Long Island, Nueva York y durante toda su trayectoria mantuvo contacto con su compadre Benjamín Carrión, como lo muestra la evidencia documental.

Benjamín Carrión al igual que su comadre Gabriela, ganó los Juegos Florales de Ecuador en 1916. Estudió Leyes, fue catedrático universitario, diplomático, periodista y activista cultural de alto nivel.
En 1925 fue nombrado cónsul de Ecuador en Francia, donde estudió en la “Ecole de Hautes Etudes” de París y participó en las tertulias de Gabriela Mistral en el hotel de Montpassie, conoció a Miguel de Unamuno, a José Vasconcelos y otros intelectuales de la época y fundó la editorial “París América” para publicar libros de autores hispanoamericanos. Como parte de su trayectoria diplomática, Benjamín Carrión fue cónsul en Francia, Embajador de Ecuador en México en dos ocasiones, además en Colombia y Chile.

Fue Benjamín Carrión quien presentó a su comadre Gabriela por carta, al maestro Oswaldo Guayasamín, el más notable artista visual ecuatoriano, para que la retrate en Nueva York a fin de ilustrar la obra que le dedicara Carrión, titulada Santa Gabriela.


La correspondencia entre Benjamín Carrión y Gabriela Mistral devela la cercanía y la gran admiración a la poeta, a quien le dedica el libro Santa Gabriela Mistral (1956) obra de trescientas treinta y nueve páginas, -uno de sus dieciocho libros-, poco antes de que ella fallezca el 10 de enero de 1957 de cáncer de páncreas a los 67 años, en el Hospital General de Hempstead en Nueva York.
Benjamín Carrión fundó la Comunidad Latinoamericana de Escritores y ejerció la cátedra universitaria tanto en Ecuador como en México, consolidando una presencia intelectual de alcance continental. Su labor fue reconocida oficialmente por México, cuyo gobierno le otorgó en 1968 el Premio Benito Juárez, distinción concedida por sus méritos cívicos y culturales. La UNAM confirma que este galardón se entregó por única vez ese año y que los premiados fueron Benjamín Carrión (Ecuador); Oscar Niemeyer, arquitecto brasileño creador de algunos de los edificios más emblemáticos del mundo y principal diseñador de Brasilia, ganador del Premio Pritzker (1988) el más alto honor en arquitectura y Luis Federico Leloir, médico y bioquímico argentino, ganador del Premio Nobel de Química en 1970.
Benjamín Carrión ganó el premio Benito Juárez un contexto donde se consideraba a algunas de las figuras más destacadas de la literatura y el pensamiento latinoamericano, -incluido Pablo Neruda-, Carrión obtuvo este reconocimiento excepcional, que celebró su aporte a la educación, el humanismo y la vida cultural de la región.

La obra literaria de Benjamín Carrión ha sido traducida a varios idiomas. En 1944 fundó la Casa de la Cultura Ecuatoriana, organización que administra museos, bibliotecas y centros culturales en todo el Ecuador y publica a escritores notables. Por su trabajo cultural, en 1975 en su país natal Benjamín Carrión obtuvo el Premio Nacional Eugenio Espejo.

El camino de Gabriela Mistral demuestra que ningún triunfo es solitario: el talento, por sí solo, trasciende con voluntades que lo aprecien e impulsen. Antes del Nobel, Ecuador la celebró, la respaldó y la leyó con una generosidad que casi nunca se menciona. Cuando se la honra, suele olvidarse a quienes la impulsaron mucho antes de que el mundo la consagrara. Recordarlo es devolver justicia a esa historia compartida.
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