CHUQUIRAGUA, FLOR NACIONAL DE ECUADOR
- XIMENA HIDALGO-AYALA

- 20 ene
- 18 Min. de lectura
La chuquiragua y el quinde, dos seres diminutos frente al mundo, gigantes en simbolismo, están en peligro de desaparecer.
Cuando el quinde pierda a la flor y la flor pierda su sustento, el páramo quedará convertido en un sepulcro eterno. La CHUQUIRAGUA, FLOR NACIONAL DE ECUADOR y los QUINDES DE ALTURA, diminutos ante la inmensidad del mundo pero colosales en simbolismo e identidad, continúan juntos su silenciosa resistencia frente a la adversidad.

Por Ximena Hidalgo Ayala
Historiadora, fundadora y directora ejecutiva del Comité Internacional Galo Plaza y de su exclusivo network de empresarios y profesionales XHA Club, dedicado a promover la integración a través de historia, educación y cultura.

La primera vez que escuché el nombre CHUQUIRAGUA fue en labios de mi madre, quien me la recomendó como remedio natural para un malestar intestinal. La busqué en la selva de cemento, lejos de su patria natal y la hallé en la avenida Roosevelt con la calle 102, en Casa América.
Pequeña y tímida, aprisionada en una funda diminuta, aguardaba el momento de salir para revelar una historia fascinante: una historia de identidad y fortaleza.

UN NOMBRE CON HISTORIA
Una especie endémica que florece en las zonas altas de los emblemáticos páramos ecuatoriales, la CHUQUIRAGUA es conocida como Flor de los Andes y su nombre científico es Chuquiragua jussieui J.F. Gmelin, el cual le fue asignado en 1791 por el botánico alemán Jhoann Friedrich Gmelin, quien la describió científicamente y la registró en su edición ampliada del Systema Naturae (1788–1793).
El epíteto JUSSIEUI en el nombre de la CHUQUIRAGUA, honra a una familia de botánicos franceses, entre los cuales destaca Joseph de Jussieu, quien recorrió durante décadas la Real Audiencia de Quito recolectando plantas y estudiando la flora andina. Los Jussieu fueron los botánicos más influyentes de toda la historia de la ciencia y su rol es crucial para entender cómo plantas americanas como la CHUQUIRAGUA, llegaron a Europa y fueron estudiadas por naturalistas como Gmelin.

La CHUQUIRAGUA llegó a Europa a través de Joseph de Jussieu, médico y botánico de la dinastía Jessieui, quien llegó a la Real Audiencia de Quito en 1736 y colaboró con la Misión Geodésica Francesa. Fue uno de los botánicos más importantes del siglo XVIII, uno de los primeros europeos en estudiar sistemáticamente la flora andina y uno de los científicos que más tiempo vivió en la región en la época colonial. Radicó más de treinta años en Sudamérica. Retornó a Francia en 1772 y falleció en 1779.

El vasto herbario reunido por los Jussieu en Francia durante los siglos XVIII y comienzos del XIX, contiene unos 400 especímenes atribuidos a Joseph de Jussieu, tío de Antoine-Laurent de Jussieu, quien desarrolló los principios que sirvieron de base para un sistema natural de clasificación de las plantas y es autor de Genera Plantarum (1789).
El Herbario Jessieu contiene una enorme colección de plantas americanas, enviadas inicialmente por los misioneros jesuitas del Colegio Máximo de San Ignacio en Quito y por Joseph Jussieu, quien tomó muestras de especies ecuatoriales y las envió al herbario de su familia en Francia, donde la planta fue estudiada por Gmelin, por lo cual éste le dio a la especie ecuatoriana su nombre científico.
Posteriormente la CHUQUIRAGUA fue descrita por el científico alemán J.F. Gmelin, quien la estudió en los herbarios de los Jussieu, que contiene colecciones botánicas acumuladas por la influyente familia Jussieu, una dinastía de cinco botánicos que trabajaron en prestigiosas entidades en París desde el siglo XVIII, cuyo legado ha sido crucial para la botánica y la historia de la ciencia.
El herbario Jussieu actualmente existe no como una colección independiente, sino que forma parte del Herbario Nacional de Francia, conservado en el Muséum national d’Histoire naturelle (MNHN) de París. La CHUQUIRAGUA es la especie más famosa de origen quiteño presente en la colección del herbario Jessieu.

REGISTRO TAXONOMICO
La abreviatura botánica J.F.Gmel. en el nombre científico de la CHUQUIRAGUA Ecuatoriana (Chuquiraga jussieui J.F.Gmel), indica que quien la describió científicamente y la clasificó, fue Johann Friedrich Gmelin, naturalista, botánico, taxónomo, químico, entomólogo, herpetólogo y malacólogo alemán, nacido en Tübingen, Sacro Imperio Romano Germánico (1784) y fallecido en en Göttingen (1804).
Fue profesor en las Universidades de Göttingen y de Tübingen, amplió y reformó la obra original Systema Naturae de Carl von Linné (Carolus Linnaeus) y publicó textos influyentes en botánica, química farmacéutica, mineralogía y zoología.

Adicionalmente, la CHUQUIRAGUA de Ecuador está documentada formalmente en el Royal Botanic Gardens, Kew de Inglaterra, uno de los centros botánicos más importantes del mundo, el cual mantiene el registro taxonómico oficial de la especie y conserva información histórica, nomenclatural y distribución basada en colecciones internacionales en su base de datos. Este registro confirma que Kew reconoce la descripción original de Gmelin y mantiene la ficha taxonómica de la CHUQUIRAGUA actualizada.
El material relacionado con la CHUQUIRAGUA ecuatoriana ha pasado a Kew, especialmente a través de las colecciones de Humboldt y Bonpland. Kew es el repositorio mundial más importante para taxonomía linneana, herbarios históricos europeos, colecciones de naturalistas y especies andinas recolectadas desde el siglo XVIII. La CHUQUIRAGUA, al ser descrita por Gmelin en 1792, entra directamente en el ámbito de estudio de Kew.

HUMBOLDT Y LA CHUQUIRAGUA

La CHUQUIRAGUA aparece en ilustraciones botánicas científicas del siglo XIX y XX ya fue observada, estudiada y registrada por Alexander von Humboldt como una joya botánica de las alturas, durante su expedición científica a la Real Audiencia de Quito.
Humboldt exploró intensamente la región andina ecuatorial, realizando estudios geográficos, botánicos, astronómicos y volcánicos que marcaron profundamente su obra científica. En este periodo realizó su célebre ascenso al Chimborazo (1802), una de las hazañas más emblemáticas de su expedición americana y un momento clave para el desarrollo de su visión unificada de la naturaleza.
En esta expedición científica, Humboldt conoció a la CHUQUIRAGUA, cuyos vivos tonos anaranjados le impresionaron, así como su belleza y capacidad de crecer en alturas extremas, convirtiéndose en uno de los símbolos botánicos más recordados de su paso por los Andes ecuatorianos.
Humboldt la mencionó en sus escritos sobre flora andina, cuando describió la vegetación de altura y registró varias especies del páramo, entre ellas la CHUQUIRAGUA Ecuatoriana y la incluyó como parte de la flora resistente, que marca la transición entre el páramo y las zonas de nieve.
Para Humboldt, la planta era un ejemplo de adaptación extrema y un indicador botánico de altitud. Su interés por la CHUQUIRAGUA se relacionaba con su obsesión por entender cómo la vida se organiza en pisos altitudinales, un concepto que él ayudó a formalizar.

UNA FLOR DE FORTALEZA EXTREMA
La CHUQUIRAGUA florece entre los 3.000 y 5.200 metros sobre el nivel del mar, en las laderas de los volcanes ecuatoriales, donde las condiciones son extremas, logrando desarrollarse en ambientes de frío extremo, con temperaturas de entre 0 y 8 °C. Requiere de suelos rocosos y bien drenados. Se adapta especialmente bien a zonas abiertas, donde la disponibilidad de agua es limitada y está expuesta a radiación solar intensa y a vientos extremos, lo que la convierte en un símbolo de vida en altitudes elevadas, aparentemente inhóspitas para la vida.


Su estructura, con hojas pequeñas, duras y espinosas, es típica de especies adaptadas a ambientes secos, ya que reducen la pérdida de agua. Crece en suelos pedregosos, donde otras plantas no prosperan con facilidad y forma parte de comunidades vegetales resistentes a la sequía. Sus flores de color naranja intenso, atraen a polinizadores especializados, como abejas nativas, ciertos insectos y particularmente a los QUINDES, que buscan néctar en estructuras florales estrechas o tubulares. Esta interacción la convierte en una especie importante para mantener la biodiversidad.
UNA GRAN FAMILIA
La CHUQUIRAGUA es un importante símbolo de identidad del Ecuador y en Andinoamérica tiene parientes con características similares. La CHUQUIRAGUA ecuatoriana tiene características únicas, muy propias y es una especie endémica, que solo existe de manera natural en este lugar específico del planeta y a diferencia de sus hermanas andinoamericanas, puede llega a tener hasta más de dos metros de altura.
Variedades de la familia de la CHUQUIRAGUA en diferentez sonas de Andinoamérica.
Su gran familia andinoamericana, se encuentra distribuída desde Colombia hasta Chile y Argentina, pasando por Bolivia y Perú. Se han registrado más de veinte variedades, con nombres científicos y populares diferentes en cada país, como la chuquiraga morenonis o la chuquiraga aninasea de Argentina o la chuquiraga espinosa de Bolivia y Perú. En la Patagonia hay algunas variedades y son conocidas con nombres como, quilimbay, trayén o sombra de toro, en Bolivia y Perú a sus variedades la conocen entre otros nombres como huamanpinta.

CHUQUIRAGUA EN ECUADOR
La CHUQUIRAGUA reina en los páramos más representativos de Ecuador, donde encuentra las condiciones frías, soleadas y ventosas que necesita para desarrollarse, como el páramo del Chimborazo, uno de sus hábitats más conocidos, donde crece cerca a los glaciares; en el páramo del Cotopaxi, en las zonas de transición entre el bosque altoandino y el páramo que rodea al emblemático volcán; al norte de Ecuador en el páramo de El Ángel, provincia del Carchi, zona del volcán Chiles, donde comparte el paisaje con los frailejones y aparece en áreas secas y rocosas de gran biodiversidad; en el páramo de Mojanda, entre Imbabura y Pichincha, alrededor de las lagunas rodeadas de suelos volcánicos.

En la Amazonía se encuentra en el páramo de Papallacta, un corredor natural entre la Sierra y el Oriente ecuatoriano, que se extiende entre dos grandes volcanes, el Cayambe y el Antisana. También reina en el páramo de Cajas, un páramo glaciar no volcánico que forma parte del Parque Nacional Cajas, en la provincia de Azuay, donde predomina un ambiente más húmedo, ahí la CHUQUIRAGUA florece en zonas altas, que funcionan como transición entre el páramo y el bosque montañoso.

SE ENTREGA TOTALMENTE
Cuando la CHUQUIRAGUA florece, se abre totalmente y libera al viento pequeñas luces doradas: sus semillas aladas, que vuelan como susurros del páramo buscando un nuevo lugar donde encenderse. La CHUQUIRAGUA se reproduce a través de esas pequeñas semillas que cada flor produce, las cuales están unidas a un papus, una estructura ligera y plumosa que actúa como un paracaídas natural y que, al desprenderse, se ve como una pelusa voladora.
El viento es su gran aliado y gracias al papus, las semillas pueden viajar largas distancias, algo esencial en el páramo, donde las corrientes son fuertes y constantes, permitiendo que la planta colonice nuevas zonas abiertas y rocosas.
Pero antes de que estas semillas existan, la FLOR DE CHUQUIRAGUA necesita ser polinizada y su principal polinizador es el QUINDE, que al alimentarse de su néctar transporta el polen entre las flores. Finalmente, las semillas que logran germinar dan origen a nuevas plantas, entonces la CHUQUIRAGUA se entrega por completo al páramo. Florece con una intensidad casi desafiante, se abre al viento sin reservas y deja que cada una de sus semillas aladas salga a buscar su propio destino. No retiene nada. No se guarda nada, por eso simboliza la generosidad.

Esa capacidad de expandirse a sí misma, de confiar en el viento, de multiplicarse en un territorio tan duro, la vuelve una de las plantas más simbólicas de la vida en el planeta. Es una lección silenciosa de generosidad y resistencia.

SIMBOLISMO Y PRESENCIA CULTURAL
La CHUQUIRAGUA es mucho más que una flor, es la raíz de la identidad, símbolo de fortaleza ante la adversidad y memoria de los páramos en las laderas volcánicas y glaciares, que conforman el callejón interandino ecuatoriano, columna vertebral que conecta a todas regiones naturales continentales del Ecuador: Costa, Sierra y Amazonía.

Ella ha inspirado a poetas, compositores y artistas visuales. Literatos destacados como Jorge Enrique Adoum la mencionan como: La flor dura y encendida del páramo; Flor de fuego, una llama en la altura donde nada crece; flor que sobrevive donde nada más vive; flor que arde en el frío; la flor encendida que resiste al viento.
Los famosos pintores ambateños Oswaldo Viteri y Aníbal Villacís, la quiteña María Dolores Salgado y el guayaquileño Fernando Falconí, han representado a la CHUQUIRAGUA, que en arte popular aparece en textiles, bordados y cerámicas.
En fotografía, es una de las flores más retratadas del páramo por su color intenso y su relación vital con el QUINDE.
Los montañistas la consideran emblema de las cumbres ecuatorianas. Su presencia representa la conexión con los volcanes y marca el ascenso hacia las nieves perpetuas simbolizando el camino hacia la cima y la vida en medio de la soledad. En relatos de montañismo, la CHUQUIRAGUA aparece como un hito emocional: la última señal de vida antes de entrar al reino del hielo. Los andinistas son los principales consumidores de su infusión durante sus ascensos, bajo la creencia de que ayuda a mitigar el frío. Tradicionalmente se la ha utilizado para mejorar la digestión, por sus propiedades diuréticas.

FLOR NACIONAL DE ECUADOR
Por su belleza y fortaleza, la CHUQUIRGUA fue aceptada y popularizada como flor nacional de Ecuador hace varios años. Ella pertenece al terruño y su importancia ecológica es vital.
Su designación popular, -no gubernamental-, como Flor Nacional de Ecuador, está vinculada a su valor ecológico milenario, cultural y simbólico, como planta emblemática ancestral y originaria del terruño ecuatoriano. Por su historia y sus cualidades de protectora de la vida, la CHUQUIRAGUA es reconocida por el pueblo ecuatoriano como su flor nacional, ya que tiene raíces ancestrales e importancia cultural.
Metáfora viva del espíritu ecuatorial, es considerada símbolo nacional por su fortaleza a condiciones adversas, representando fuerza espiritual, resiliencia y la adaptabilidad de los ecuatorianos a las condiciones más extremas. Para comunidades nativas simboliza la relación espiritual con los nevados y montañas. Está clasificada como una especie vulnerable, amenazada por la ganadería en los páramos, los incendios forestales y el cambio climático.

LA CHUQUIRAGUA Y EL QUINDE
Ecuador es hogar de 1.673 especies confirmadas de aves, pero el QUINDE es el más icónico de todas ellas, porque encarna, -según especialistas-, la “posibilidad de vuelo absoluto”, es decir, pararse en el aire y hasta volar hacia atrás. QUINDE es la palabra original ancestral para estas aves y no solo significa “colibrí”, sino también mensajero, espíritu veloz, símbolo de energía y vida. En la cosmovisión andina, el QUINDE es un ser sagrado, asociado al sol, a la fertilidad y a la comunicación entre mundos.
En términos biológicos, culturales y ecológicos, el quinde es un colibrí ecuatoriano por excelencia, concentrado en la franja volcánica de Ecuador, de gran importancia ecológica, ya que es el principal polinizador de la CHUQUIRAGUA.

Los QUINDES son polinizadores clave en los páramos, permiten la reproducción de varias especies de plantas de altura. Están adaptados a condiciones extremas de frío, baja presión y vegetación de páramo, por lo que no pueden vivir en jardines domésticos de zonas bajas o templadas.
El polen de la CHUQUIRAGUA mancha de color naranja el rostro del QUINDE, cuya estructura evidencia su interacción directa. Su pico ligeramente curvado es perfecto para las flores cónicas de la CHUQUIRAGUA. El QUINDE también ha desarrollado la capacidad para soportar temperaturas bajo cero en el páramo y su comportamiento territorial está centrado en la CHUQUIRAGUA, porque sin ella no podría sobrevivir.
La relación entre el QUINDE y la CHUQUIRAGUA es uno de los ejemplos más bellos de coevolución, ellos tienen una dependencia ecológica vital. El QUINDE, conocido comúnmente como colibrí, está fuertemente vinculado a la FLOR DE CHUQUIRAGUA, particularmente dos especies de quindes, el QUINDE ESTRELLA (Oreotrochilus chimborazo) y el QUINDE GARGANTA AZUL (Oreotrochilus cyanolaemus).
A la Izq. el QUINDE ESTRELLA y a la derecha el QUINDE CUELLO AZUL, éste último en estado de vulnerabilidad.
El QUINDE ESTRELLA es una especie endémica de los Andes del Ecuador, cuyo hábitat exclusivo es el páramo alto en las laderas del volcán Chimborazo, entre los 3.800 y 5.000 metros de altitud, lo que lo convierte en uno de los colibríes que habita a mayor altura del planeta. Se lo ha registrado en zonas altas de las provincias de Bolívar, Chimborazo y Tungurahua, siempre en ecosistemas de páramo andino. Su presencia y distribución está estrechamente ligada a la CHUQUIRAGUA, de la cual depende directamente para alimentarse.
Por su parte el QUINDE GARGANTA AZUL (O. cyanolaemus) tiene un cuello de azul intenso y una corona verde, tiene un plumaje más oscuro y menos contrastado, es más pequeño y discreto que el quinde estrella y solo vive en el sur de Ecuador, en una pequeña área entre las provincias de Azuay y Loja. Es una especie en peligro de extinción inminente.
Considerado uno de los colibríes más raros del planeta, el QUINDE GARGANTA AZUL, conocido también como ESTRELLA DE GARANGANTA AZUL, se encuentra en peligro crítico de extinción, con menos de 110 individuos maduros en todo el planeta. Es una de las aves más amenazadas del Ecuador y su supervivencia depende de acciones urgentes.
Proteger la CHUQUIRAGUA es esencial para garantizar la supervivencia de los QUINDES DE ALTURA, porque ambos forman una relación ecológica tan estrecha que, si la planta desaparece, el ave perdería su principal fuente de alimento.
Estudios de la científica venezolana Elisa Bonaccorso, PhD en Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de Kansas, enfocada en filogenética, taxonomía y biogeografía de aves andinas, explica las razones por las cuales de la preservación de la CHUQUIRAGUA depende la vida del QUINDE. Elisa y un equipo especializado se dedicaron a estudiar al quinde y describieron su interdependencia con la CHUQUIRAGUA.
La vida del QUINDE, al igual que la de la CHUQUIRAGUA, es muy difícil: “viven en ecosistemas de altura parecidos a la tundra, sobre los 3.000 metros de altitud, bajas temperaturas y falta de oxígeno, en condiciones extremas para la supervivencia. A pesar de lo difícil, la vida de este colibrí, QUINDE GARGANTA AZUL es aún más extrema, debido a que la transformación de su hábitat le hace cada vez más difícil conseguir sitios para comer, dormir o anidar.”

CARRERA CONTRA EL TIEMPO
En el 2017 los especialistas reportaron que la situación del quinde era crítica, por lo que fue categorizada como en peligro crítico bajo los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, UICN. De cinco sitios donde la especie fue observada entre 2017 y 2018, en 2019 dos de ellos estaban quemados y ya no había CHUQUIRAGUAS en el sitio (de acuerdo a un estudio realizado en colaboración con Juan Freile y Boris Tinoco, de la Universidad del Azuay).
El estudio indica que este QUINDE tiene una distribución geográfica muy restringida en los páramos al sur de Ecuador, con una configuración muy fragmentada, formando islas. El QUINDE GARGANTA AZUL se encuentra en una “isla de páramo relativamente pequeña, hábitat de la especie que se está perdiendo rápidamente por la influencia del hombre por la siembras de pinos, parcelas de pinos cosechados, pastizales para el ganado, pastizales en distintos grados de recuperación y pajonales de páramo afectados por pastoreo y fuegos constantes."

Para leer dicho estudio visite el siguiente link:Un colibrí extremo. Estrella de garganta azul, una especie endémica de Ecuador -
Para leer un reportaje más reciente publicado en el diario EL COMERCIO visite el siguiente link: Así es el colibrí que una ONG busca salvar de la extinción con un millón de dólares - El Comercio
La conservación de la CHUQUIRAGUA y de los QUINDES se puede lograr evitando la conversión de los páramos en áreas agrícolas, ganaderas o mineras, controlando el pastoreo y sobrepastoreo del ganado vacuno y ovino, que destruye plántulas y compacta el suelo, regulando la carga animal y estableciendo zonas de exclusión para ayudar a la regeneración natural. Los incendios provocados para “renovar pastos” destruyen la vegetación nativa del páramo, por lo que se requieren programas de educación y vigilancia comunitaria.
INDUSTRIA DESTRUCTIVA
Muchos se equivocan al creer que la rosa es la flor nacional de Ecuador. El origen de las rosas es Asia Central, especialmente China, -donde se han encontrado especies silvestres de más de 5.000 años-, si bien son un producto de exportación que en las últimas décadas ha generado ganancias para los propietarios de empresas, muchos de ellos extranjeros, su cultivo tiene un impacto nocivo en la tierra .

Estudios genéticos muestran que las rosas surgieron en la región que incluye Afganistán, Kazajistán, Kirguistán, Uzbekistán, Mongolia occidental y Xinjiang (noroeste de China). Las rosas producidas actualmente en Ecuador, son variedades comerciales que provienen genéticamente de especies asiáticas y son reconocidas por características logradas gracias a la combinación de factores naturales del suelo ecuatoriano, como altitud, luz solar, suelo volcánico rico en nutrientes y clima, pero es innegable que su cultivo intensivo tiene importantes efectos nocivos sobre los suelos agrícolas, donde la floricultura es una industria de gran escala como en Ecuador.

El cultivo intensivo de rosas deteriora los suelos al agotar sus nutrientes, acumular residuos químicos que afectan la microbiota, compactar el terreno y reducen su aireación, incrementan la salinidad por el riego constante, disminuyen la biodiversidad microbiana debido al monocultivo y en zonas vulnerables, favorecer la erosión al reemplazar la vegetación natural por invernaderos.

Pese a que las fincas florícolas han incorporado prácticas sostenibles, esos esfuerzos NO han impedido que las plantaciones de rosas continúen ocupando tierras que deben destinarse a la agricultura y producción de alimentos, necesidad prioritaria de Ecuador y de la humanidad.
El sector florícola orientado a la exportación, en 2025 posicionó a Ecuador como uno de los mayores exportadores de rosas del mundo, generando entre 1.070 y 1.085 millones de dólares en ventas; solo durante San Valentín de 2025, exportó 28.779 toneladas, un 8,7% más que el año anterior.
Ojalá un porcentaje de esa riqueza generada por una flor destructiva, se dedicara por ley a la protección de la flora y fauna nativa andinoamericana, como los quindes y la chuquiragua.
TITANES DE LOS ANDES
En la arista del páramo,
donde el viento afila su canto,
crece como llama pequeña:
la flor de chuquiragua,
firme como un corazón que no se rinde.
A ella llegan los quindes,
flores ecuatoriales que vuelan,
chispas de azul en la neblina,
a beber luz de sus entrañas,
buscando un oasis en el desierto,
una chispa de vida cerca a los glaciares.
Flor y ave se reconocen,
dos guardianes del silencio en las alturas,
dos sobrevivientes
que resisten al olvido.
Porque mientras ellos se apagan,
mientras su nombre se pierde
entre la neblina y el tiempo,
otras flores de la lejana Asia
erosionan la tierra que debería dar alimento,
arrancan nutrientes del suelo,
se llevan la fama del mercado,
llenan bolsillos de dueños que nadie conoce.
Y aún así, ellos todavía están ahí:
una flor que arde,
una ave que brilla,
vidas diminutas sosteniendo la cordillera,
esperando que alguien recuerde
que también merecen un futuro.
XHA

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