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  • XIMENA HIDALGO-AYALA

August 10th, 1809 First Hispanic-American Declaration of Independence

La trascendencia de un evento histórico se aprecia en su impacto, en su originalidad, influencia y las consecuencias que produjo, fundamentalmente en el cambio de la realidad previa existente.


Durante esta semana, se presentarán una serie de notas para comprender mejor el inicio del proceso de independencia hispanoamericana. La mayoría de artículos fueron previamente publicados en Nueva York e incluidos, en un suplemento especial del semanario Impacto Latino, en el cual dirijo el área de cultura y asuntos comunitarios desde 2014.


Este es un homenaje especial al pueblo ecuatoriano, que nuevamente lidera la lucha continental contra la corrupción, enraizada durante los últimos doce años de administración gubernamental.


Los gobiernos pueden saquear la riqueza natural y debilitar la moral de los pueblos, pero no pueden robarles su historia, escrita con el esfuerzo, recursos, sangre y vida de personas que con honor, integridad e ideales superiores, han dejado un legado inmortal, que sirve como ejemplo e inspiración para nuevas luchas. 

La iniciativa de publicar este suplemento, fue uno de los esfuerzos para promover el conocimiento de la historia continental, que desde 2006 realiza el Comité Internacional Galo Plaza Inc. en Nueva York. 

EL ACTO FUNDACIONAL


Prof. Enrique Ayala Mora DPhil (PhD) Oxon

Colegio de América, Sede Latinoamericana

Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador


El 10 de agosto de 1809 no solo es el día nacional de Ecuador, sino un hito central en la historia de Latinoamérica. Por ello es bueno conocer sus protagonistas, incidencias y contradicciones.


En Ecuador, como en toda América Latina, la Independencia fue el punto de partida de nuestra inacabada construcción nacional; es el acto fundacional de nuestros países. Casi siempre se la ha visto como un conjunto de hechos puntuales. Pero no se explica por motivaciones simples, sino por causas estructurales complejas.

Estatua de la diosa romana Libertas, que corona el Monumento a los Héroes del 10 de Agosto en la ciudad de Quito, capital de Ecuador.

UNA LARGA LUCHA

El proceso independentista se inició con pronunciamientos locales, como el de Quito del 10 de agosto de 1809, que fue uno de los pioneros, pero fue sofocado varias veces hasta 1812. Para entonces ya se había encendido una guerra continental en Sudamérica, que se dio desde los polos del Río de la Plata y Venezuela, para confluir al fin en Perú.


El notable aporte de Simón Bolívar fue darse cuenta de que la independencia de cada una de las circunscripciones coloniales era inviable, si no se la enfrentaba como un esfuerzo de todo el subcontinente y que los sectores populares, no iban a unirse al proceso si no se consideraban sus propios intereses. Bolívar incorporó a los pardos, a los llaneros y a la chusma urbana en la campaña independentista.


¿SOLO CAMBIO DE GOBIERNO?

En la Independencia, en los muros de Quito apareció la leyenda: “último día de despotismo y primero de lo mismo”. Por ello se ha afirmado que la Independencia fue un cambio de gobierno y no la ruptura del hecho colonial. Pero, en verdad, la Independencia fue una revolución. Derrumbó el poder metropolitano y expulsó a los “chapetones”; sacudió las estructuras de la sociedad, aunque no cambió las relaciones básicas en las que se asentaban, provocó rápidos ascensos y descensos sociales, abrió nuevas líneas de comercio, desató cambios en ideas y costumbres.


La independencia se ve como acción heroica de notables individualidades. Pero en los grandes procesos históricos, el actor fundamental fue el pueblo. En el de Quito, los marqueses, los latifundistas fueron los líderes y beneficiarios, pero hubo gente del común que se jugó desde el inicio. Y cuando los líderes de 1809 fueron perseguidos y sentenciados a muerte, el pueblo de Quito se insurreccionó el 2 de agosto de 1810. Entonces, las autoridades españolas desataron una de las peores matanzas del continente.


La independencia provocó transformaciones importantes, entre ellas un clima de participación popular, pero luego desembocó en procesos regresivos. Los sectores dominantes, apenas fundados los nuevos estados, cambiaron el discurso de la libertad por el del orden.

¿RUPTURA O LEALTAD?

Hay quienes han dicho que el pronunciamiento del 10 de agosto no fue la declaratoria de independencia, sino un acto de lealtad al rey de España que estaba destronado y preso. Se afirma que los marqueses que establecieron un gobierno dijeron que iban a gobernar en nombre del soberano. Por eso, se dice que no debe considerarse como “Independencia” del Ecuador.


Pero, al realizar un primer acto de ruptura con el gobierno colonial español, los notables quiteños no podían romper sin más con el antiguo régimen. Por ello optaron por declarar la autonomía de Quito, depusieron a las autoridades y formaron una “junta” de gobierno, expresando su lealtad al rey de España. Ese hecho, que puede parecer tímido, fue visto como tan radical y peligroso, que las autoridades españolas, una vez recobrado el mando, persiguieron con saña a los autores del 10 de agosto y condenaron a muerte a más de setenta. La idea de rechazar la autoridad e instalar un gobierno propio, eran vistos como un crimen atroz por el poder colonial.


UN SOLO PROCESO

La Independencia debe ser vista como un proceso, no como una sucesión de hechos aislados. Solo así se entiende como, -de las declaraciones de lealtad al rey-, se llegó a la ruptura total, a la “guerra a muerte” que proclamó Bolívar en 1815. Los grandes procesos históricos rebasan sus propios horizontes.


Los patriotas no vieron sus esfuerzos libertarios como aislados o contrapuestos. Los protagonistas del movimiento de 1809 en Quito, buscaron apoyo de las otras regiones de la Audiencia como Cuenca y Guayaquil. Fracasaron, pero su intención fue clara. Por su parte, apenas instalado el gobierno de Guayaquil en 1820, se empeñó en liberar a Quito. Luego de algunos intentos fallidos, lo logró con la participación de las fuerzas enviadas por la República de Colombia con Antonio José de Sucre a la cabeza.


Nuestros patriotas fueron solidarios y tuvieron visiones amplias. Vieron la Independencia como una lucha global que requería el esfuerzo de varios pueblos y sectores sociales. Fueron solidarios y pensaron en grande.

Quito, agosto de 2020


Artículo escrito para el Suplemento Homenaje a Ecuador 2020, dirigido por Ximena Hidalgo y publicado en la ciudad de Nueva York el jueves 6 de agosto, por el Semanario Impacto Latino.