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  • XIMENA HIDALGO-AYALA

Homenaje al Pueblo Ecuatoriano


La grandeza de los pueblos no se escribe con desfiles ni actividades sociales o deportivas, si no con cambios estructurales que promueven el progreso común, como lo hizo la gesta libertaria del 10 de agosto de 1809.


El asesinato a los mentores de la gesta libertaria de Quito un año más tarde, -el 2 de agosto de 1810-, provocó en Hispanoamérica no solo el repudio que la muerte de un ser humano provoca en una sociedad consiente de sus falencias.


Podríamos quizás comprender el impacto de esa matanza, si imaginamos que la corona inglesa hubiese asesinado a los Padres Fundadores, quienes firmaron la Declaración de Independencia Estadounidense.


La historia nos demuestra, que el proceso de liberación de los pueblos es un ejercicio permanente.


La cancelación de las actividades anuales de celebración de la Fiesta Cívica Nacional de Ecuador en Nueva York, -por la pandemia del Covid-19-, no resta valor a la esencia de la conmemoración de uno de los movimientos revolucionarios más relevantes de la historia continental.


Por el contrario, quizás esta sea la oportunidad para que la comunidad ecuatoriano-americana de Nueva York, reflexione sobre el gran reto que le plantea la historia, de demostrar el verdadero respeto a la tierra que les vio nacer o en la que nacieron sus ancestros, para enfrentar con decisión a un monstruo más grande y temible que mantiene postrada y encadenada a la nación ecuatoriana, como es la corrupción.

Del análisis histórico que varios especialistas han realizado sobre este cáncer social, se deduce que el principal y directo factor causante de la pobreza en la mayoría de países latinoamericanos es la corrupción, que florece en tiempos de bonanza y extiende sus tentáculos a través de la infección del aparato político-administrativo, para saquear el dinero de las arcas fiscales a través, principalmente, de la construcción de obras públicas.


Cada niño pobre mendigando en las calles y sin acceso a educación, cada joven que no encuentra un empleo digno ni una forma honrada para ejercer la profesión que estudió, cada maestro que no puede recibir su pensión de jubilación después de haber entregado su juventud y su vida, cada especie animal asesinada y saqueada por depredadores extranjeros, que no puede ser defendida por falta de recursos, cada persona enferma que no puede curarse y que incluso pierde la vida por falta de servicios de salud, cada persona violentada en su integridad física o emocional por el crimen callejero, son víctimas de la corrupción, que ha robado el dinero destinado a educación, salud, pago de jubilaciones, seguridad nacional, inversión social, capitales para generar empleo, etc., etc., etc.

El gran reto de los ecuatorianos en el exterior, es dejar de usar los símbolos patrios para el negocio personal; dejar de usar a una fecha gloriosa como pretexto para usufructo personal, para el baile y la farra, es dejar de lado la codicia y el oportunismo, para demostrar con hechos, el respeto a la tierra que les vio nacer y emulando el valor y determinación de los inmortales patriotas del 10 de agosto de 1809, lograr la liberación de Ecuador de las garras de la corrupción.


La historia no se escribe con desfiles ni festivales, tampoco con reinados ni baile, ni comida ni bebida, si no con la determinación de mantener y defender con honor y valentía valores superiores de integridad, de respeto, de lealtad, de patriotismo, valores supremos como la libertad y la soberanía, por los cuales, compatriotas visionarios derramaron su sangre y ofrendaron su vida.


La lucha contra la corrupción es el reto más grande que tienen los ecuatorianos en Nueva York, que deben sentirse orgullosos por los esfuerzos y logros que realiza la gran mayoría del pueblo ecuatoriano, para quien va dedicado este suplemento, en homenaje a su sufrimiento, a su dolor, pero sobretodo a su resistencia ante la tiranía, a su generosidad, a su valor y a su infinita esperanza de volver a ser libre.

Un agradecimiento infinito al semanario Impacto Latino, decano de la prensa hispana en la Capital del Mundo, particularmente a los descendientes de su fundador, Don Carlos Carrillo, a su hija Gail Smith y a su nieto Jason Smith, quienes permitieron que este homenaje al pueblo y a la cultura ecuatoriana sea posible.


Gracias a los ecuatorianos y hermanos latinoamericanos que apoyaron este pequeño proyecto, cuya presencia queda, -gracias a estas páginas en Impacto Latino-, registrada para la historia en un momento en que la Capital del Mundo y el planeta entero, batallan contra una pandemia que ha sido un reto más, pero no el fin, porque la lucha continúa!

Ximena Hidalgo Ayala

Historiadora