Como Dios manda
- XIMENA HIDALGO-AYALA

- 12 mar 2017
- 3 min de lectura
Por Ximena Hidalgo-Ayala
marzo 12, 2017
Un nuevo caso de corrupción entre los latinos en la política, vuelve a avergonzar a la comunidad.
En medio de un ambiente hostil, en el cual el racismo está más vigente que nunca, la falta de rectitud moral de los latinos que han logrado escalar en la estructura política, demuestra que en cierta forma, los latinos importamos conductas y prácticas de los países de origen, que perjudican gravemente la percepción general de toda la comunidad, promoviendo el rechazo por los descendientes de quienes establecieron el sistema de gobierno de esta nación.
El Alcalde de Paterson ha sido formalmente acusado por la fiscalía por cargos que incluyen abuso de poder, corrupción y uso indebido del dinero de los contribuyentes, al utilizar a empleados del gobierno para arreglos en un negocio de su hija y arreglos en su residencia.
La lista de casos de corrupción de oficiales electos de origen latino es larga, la historia de la comunidad latina en Estados Unidos está plagada de casos de improvisación, de mediocridad en los niveles de preparación académica, en la falta de experiencia, pero fundamentalmente en la falta de ética, de integridad y valores, que no se aprenden en las aulas, sino en el hogar, para ejercer cualquier profesión, por más humilde que sea, pero ante todo para ejercer posiciones de servicio público.
Eso demuestra el nivel de la política en los países latinoamericanos, en donde diariamente se conocen los casos de corrupción. Lo interesante es que todos los criminales comparten una cosa, todos tienen una madre. Es acaso el alejamiento de la mujer, de su rol primordial, el que está llevando a esta situación vergonzosa? No ponemos la responsabilidad en los hombros de las mujeres, pero si es cuestionable los parámetros de disciplina que se imponen en el hogar desde las edades más tempranas.
Casos como el del alcalde “latino” de Paterson, refuerzan la percepción distorsionada de que los latinos importamos la corrupción de nuestros países de origen. La lucha por conquistar un lugar de respeto, no la podemos dejar únicamente a los pioneros, a los que ya han luchado y han consagrado sus nombres en la historia, tenemos una responsabilidad compartida de demostrar con nuestra eficiencia, profesionalismo, honorabilidad, integridad, solvencia académica, moral y ética, que los latinos somos capaces, de que podemos ser parte de esta nación.
El rol de las mujeres latinas es fundamental y gracias a Dios existe una pléyade de activistas culturales, de voluntarias en temas humanitarios y sociales, de empresarias exitosas comprometidas con sus comunidades, pero este trabajo es de todos, hombres, jóvenes y también de los niños, que son quienes recrean los prejuicios o quienes recrean los valores.
Sin embargo no podemos negar que es la madre, al calor del hogar, quien transmite los valores a sus hijos, quien les enseña lo que es correcto e incorrecto, quien les impulsa a estudiar o a seguir sus sueños con rectitud, sin hacer daño a los demás, sin plagiar, sin robar, sin copiar, sin improvisar, sin calumniar, si no esforzándose honradamente, para ganarse el pan diario, a trabajar incesantemente para conseguir las cosas con honor.
Como Dios manda.
Reproducción de la nota editorial publicada en la edición impresa del periódico Impacto Latino de Nueva York el 12 de marzo de 2017. La misma está publicada en linea y se puede acceder a ella visitando el siguiente link:



